Hay heridas que son más complicadas de cerrar que otras. Hay disparos que tienen impacto de entrada pero, a veces, no de salida. Algunas balas se quedan alojadas al interior de uno, amenazando órganos vitales, rasgando arterias, fracturando huesos, desgarrando músculos. En algunas raras ocasiones las mismas balas que están amenazando con matarnos son las mismas que nos mantienen con vida, taponeando el agujero que, si no estuvieran ahí, daría salida a la hemorragia que podría conducirnos a morir desangrado. Hace tiempo que no nos veíamos, el tiempo no jugaba a nuestro favor y, para ser honestos, evadí un encuentro contigo deliberadamente. Las últimas semanas hicieron que tomara la decisión que siempre supe inevitable; cuando duermes pensando en una mujer y despiertas con ella en mente, cuando comparas a las demás con ella, cuando duermes y deseas que la almohada fuera ella, cuando tus sabanas aún guardan algunas notas de su perfume y te pierdes, obsesionado por el recuerdo de su cuerpo y el sabor de su piel sabes que es más que imposible cumplir tu palabra, tu palabra de mantenerse amigos. Y en ocasiones esto se siente como un dejavu, ni ella es la primera de la que me tengo que alejar ni esta fue la primera vez que hacemos esto en el mismo lugar, en la esquina bajando por la calle que tantas noches me vio pasar. Desearía poder regresar el tiempo, desearía poder regresar a esa terraza y nunca haberte alejado de mi lado, desearía que no te hubieras ido a ese lugar del cual nunca pudiste regresar, desearía que el reloj no fuera traicionero y nos hubiera permitido llegar al mismo punto al mismo tiempo pero son demasiados hubieras y ninguna posibilidad real de cambiar las cosas que hicimos, no es que te haya mentido, en verdad no estaba listo, es sólo que me gustaría haberme descubierto a mí mismo listo y abierto en menos tiempo, pero son demasiados hubieras y ninguna posibilidad real de recuperar lo que alguna vez me dio miedo y después anhelé con todo el corazón. Desearía entrar en tu cabeza y hacerte entender que, así como tú sufriste, a mí me parte el corazón irme. Desearía entrar en tu corazón y hacerte ver que no hay filosofía que haga fácil despedirme, hacerte ver que no me voy porque no me importes, sino todo lo contrario. Me voy porque acabé descubriendo que estos sentimientos no eran efímeros como creímos por un momento, me voy porque acabé descubriendo que en sueños y en vigilia sigues estando presente cada día. Y eso, tristemente, nunca se convertirá en amistad. Desearía que no me hubieras quitado mis miedos, porque un corazón sin miedo es más terco y se aferra con todas sus fuerzas a aquello que lo hizo latir. No sé cómo será a partir de aquí, dimos la vuelta a la esquina y caminamos un poco, adiviné tus ojos acuosos a través del cristal de tus lentes, me incliné un poco y mientras nuestras frentes se unían te di un beso, y otro y otro en aquel callejón en el que tantas veces separamos el camino para evitar ser vistos. El último viernes no nos importaron las miradas pero la realidad es que nunca volveremos a ese lugar. Te fuiste mientras el viento ondeaba tu vestido y yo trataba de no mirar atrás. Encendí un cigarro y olí tu perfume en mis manos, bebí lágrimas negras y mezcal mientras sonaba I Wanna Be Yours en fade out…secrets I have held in my heart are harder to hide than I tought. Algunas balas deben ser extraídas aunque sean lo único que evita que mueras desangrado, sólo retirándolas puedes suturar la arteria que poco a poco deja escapar tu esencia. Existen sólo algunas mujeres de fuego en esta vida, capaces de darte calor y refugio, acércate demasiado y te vas a quemar, tus cimientos van a arder, en cenizas puedes perecer. Espero que sea cierto que de las cenizas las leyendas han de emerger.

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