Escudo de Moroleón Gto
Escudo de Moroleón Gto

Me gustaría dedicar este post de Grosso Modo a explicar mi repudio ante la ciudad que está tan lejos de progreso como un desierto de ver tímpanos de hielo, pero incluso escribirle aquí sería darle mucha importancia, además, incluso si tratara de explicar el sinsentido que viven sus habitantes cuya única aspiración en la vida es que llegue el fin de semana para beber cerveza barata afuera de un expendio creo que me quería bastante corto de letras. Por ello no les contaré hoy de Moroleón.

En su lugar les narraré un sueño que tuve. En realidad los sueños que he tenido últimamente han tenido un curioso tinte sexual con personas que pudieran llegar a conocer, así que tampoco hablaré de ello y ni hablar de adentrar en volver a escribirles de la UNAM, ya me harté del tema. En mi vida ocurren tan pocas cosas que es difícil que cada quince días se me ocurra algo a lo cual dedicar unas 700 palabras para convertirlas en un post. De eso estoy muy agradecido.

Llevo unos quince días de haber abandonado el trabajo y la mayor parte del tiempo la he dedicado a estar en casa de mis papás enfrascado en leer y leer, luego ver la serie de Sherlok, luego retomar la lectura en mi kindle una vez más hasta terminar la secuela de Game of Thrones A Clash of Kings. Si quieren mi opinión, me pareció mucho mejor el primer libro, en este último siento que ocurrieron menos cosas, como si hubiera sido un título muy anunciado y una batalla muy corta, veremos que sucede en el tercer tomo. Como hasta este momento pueden apreciar, mi vida ha sido fútil y bastante plácida. Desconozco si sentarse a ver el día pasar mientras esperas calmo a que se llegue la siguiente mañana es una habilidad, pero de ser así yo la tengo, me gusta pensar que hacer nada es un trabajo de tiempo completo y si se realiza diligentemente puede tomar todo el día.

Mientras mi cuerpo descansa y se olvida del significado de hacer ejercicio o despertarse temprano mi mente se sumerge en el ocio. Vuelven recuerdos que hacía años no recorrían mi cabeza y me avergüenzo de ellos, ¿en verdad uno nunca olvida las cosas vergonzosas que hizo o le sucedieron y se dan un festín cada vez que las defensas de la persona bajan lo suficiente para que se puedan filtrar en la conciencia para recordarle que no importa cuán lejos llegue ni qué éxitos tenga esos momentos seguirán llenos de esas emociones tan humanas y frágiles que desearía se hubieran enterrado junto con el paso de los años? Ya ni entendí la pregunta.

Para terminar solo me gustaría decir que aunque tenga pocos amigos y la mayoría se encuentran a un par de horas en carretera me siento acompañado, tengo Spotify y dependiendo que canciones me arroje me hace pensar en ellos. Cuando suena Imagine Dragons me acuerdo de Canorila Morán y si son los Hives de Oram Odeja.

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