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Juriquilla foto por http://www.queretaro.travel

Paso por Juriquilla.

Estaba montando todas mis chunches en una camioneta eco sport mientras veía como rápidamente se llenaba y yo me quedaba sin espacio para seguir desvistiendo mi habitación. La camioneta se quedó llena y mi cuarto medio vacío, solamente yo seguía aquí, justo como empecé hace poco más de un año que me mudé a Juriquilla con mi amiga “Ela Trasco”, quien amablemente me ofreció su casa para vivir, en parte sabiendo que hacerlo conllevaría varias molestias, pero así son los amigos.

En algún momento de mi vida escribí cartas enteras dedicadas y contextualizadas dentro de las cuatro paredes de esta habitación. Me da un poco de tristeza dejarla y escucho No sorprises de Radiohead. Se juntan los momentos nostálgicos porque justamente el día de ayer tuve que dejar mi trabajo en Quintalegre, las personas mayores que ahí viven me despidieron con una comida, abrazos, un discurso y muchas lágrimas. Fue un momento verdaderamente emotivo, en un trabajo normal creo que es imposible que se presenten estas situaciones. En un trabajo normal uno va y hace cosas que le pide el jefe y cuando lo despiden solamente firmas una carta en presencia de algún abogado, en cambio conmigo, se acercaron un montón de octogenarios y algunos me dijeron cosas como “fuiste como un nieto”, “tu partida es como cuando nuestros hijos se iban a estudiar” y “en mí tienes un amigo”.

Me sentí muy querido en ese momento, el afecto de todos los ahí presentes me llenó de montones de emociones fue como una especie de graduación. Tanto sentimentalismo me pone verdaderamente incómodo, si no hubiera habido vino habría tenido que salir corriendo de ahí.

Eufemia, amiga y colega.

Como pueden observar, tengo un serio problema para recibir afecto y gratitud, pero hubo una persona en particular que me ayudó a hacerlo y aceptarlo con una sonrisa y como de costumbre protegeré su identidad llamándola Eufemia (a su petición). Cuando conocí a esta persona me comporte con suma seriedad, escuché lo que tenía que decir y cuestioné cada una de sus palabras, esto es típico de mí, si no lo hubiera hecho no sería yo y me tendría que decir a mí mismo: “mí mismo, este no eres tu”, todo habría sido muy confuso y el mundo colapsaría.

Después de que le mostré que no siempre soy tan estructurado, serio y rígido y que debajo de toda esa sólida capa de racionalizaciones e intelectualizaciones se encontraba una persona amable, transparente y con ganas de llevar a cabo hasta sus más irreconciliables ideas, fue que pudimos trabajar juntos.

Con el apoyo de Eufemia realizamos el 1º Encuentro Intergeneracional en Quintalegre
Con el apoyo de Eufemia realizamos el 1º Encuentro Intergeneracional en Quintalegre

Eufemia asegura que si yo anduviera por la vida con una playera que dijera “mi lóbulo frontal no funciona bien” mi vida sería mucho más sencilla (cabe destacar que esta área regula nuestros comportamientos sociales, que como saben no son precisamente mi área fuerte). Además de eso, se adjudica como mérito personal que durante el tiempo que trabajamos juntos yo me volví más flexible. ¡Que soberbia la suya! ¿No?

El punto es que poco a poco la fui considerando mi amiga y esto resultó muy adecuado para mí dado que en el momento que dejé el trabajo necesitaba ese apoyo. Me ayudó a ver que mi paso por la residencia para adultos mayores donde estuve más de un año dejó huella tanto en las personas que ahí viven como en mí. Me hizo sentir que mi labor fue importante y por eso le estoy agradecido.

El fin de semana pasado me preguntaron “¿cuántos amigos tienes?” No soy de los que se jactan de tener una gran cantidad de amistades, de hecho puedo nombrarlos sin problemas en orden alfabético, de izquierda a derecha, por estatura, peso, signo del zodiaco chino y por el nombre del pokemon que (asumo) les ha de gustar más. Así que me da gusto haber agrado a Eufemia en esta lista.

Esta última semana de trabajo fue muy divertida porque estuve entrenando a mi reemplazo, porque no se los he dicho, pero será esta chica quien se quede con mis labores en la residencia. Durante la capacitación abordamos cuestiones fundamentales para la operación del club de día en una residencia tales como de dónde tomar café de los residentes sin que se den cuenta en cocina, el mejor lugar para tomar una siesta durante el trabajo y por supuesto, qué hacer si te llaman por radio y estás en el baño. Básico.

Un abrazo a todos los que me desearon éxito para esta nueva etapa de mi vida, mis mejores deseos a Eufremia que se casa en el mes de octubre y mis felicitaciones a Jaime que se lleva el pilar de los pilares.

Nota: Durante mi comida de despedida en Quintalegre les hice una carta a los residentes, berree como un niño mientras la redactaba, si gustan pueden leerla:

Quintalegre: Casa, escuela y familia.

Usualmente soy una persona que expresa poco de la forma en que se siente (aunque nunca he tenido problemas para decir lo que pienso), me cuesta mucho trabajo demostrar afecto a los demás y ni qué decir del enojo o la tristeza, a esas emociones soy casi impermeable. Aquí realizo un gran esfuerzo por tratar de dejarles en unas cuantas letras lo que se ha significado para mi un año de vida (no de trabajo) en una residencia para adultos mayores.

Hace unos cuatro años que decidí dedicar mi vida para trabajar con personas adultas mayores, ¿por qué? La realidad es que todavía no me queda tan claro, lo voy descubriendo poco a poco mientras convivo con ellos. Aunque conocí a mis cuatro abuelos y hoy ya solo me quedan dos, nunca tuve una relación muy estrecha con ellos. Durante mi tiempo aquí hubo más de alguna persona que me dijo “eres como nuestro nieto”, esas palabras me estremecían el corazón, me invadieron con una dulzura y cariño cuya descripción sobrepasa mis capacidades líricas.

En estos días donde mi despedida ya ha sido anunciada, muchas personas se me han acercado para decirme que me van a extrañar y parecen incrédulas cuando les respondo que yo los extrañaré más. Podríamos hacer un cálculo matemático en el que explicara porque el haber pasado un año con ustedes significa un mayor porcentaje para mi vida que para una persona mayor pero ese no es el caso. Lo importante es que sepan que de hoy en adelante todos ustedes se han vuelto mis referencias directas cuando piense en lo que significa ser una persona mayor con ganas de disfrutar la vida.

Durante el tiempo que dediqué a la residencia pude convivir con todos ustedes en mayor o menor medida, algunos los veía en las actividades físicas o en la clase de arte y a otros durante la comida, nunca me preocupé de no verlos a todos en el taller de memoria (que me heredó Susi) pues me queda claro que algunos invierten mucho tiempo todavía en otro tipo de proyectos personales y actividades por fuera, pero siempre fue una satisfacción ver cada vez más caras nuevas junto a los rostros familiares de los que participaban en la mayoría de nuestras reuniones. Quiero que sepan que me esforcé porque las actividades estuvieran adaptadas a sus necesidades y gustos, también a las preferencias, horarios y capacidades que cada uno de ustedes preserva y fortalece; la medida que haya logrado esa tarea ustedes serán quienes lo puedan juzgar mejor que nadie.

Haberlos conocido ha hecho mi vida diferente, han dejado una huella en mi que me hizo crecer. Por alguna extraña razón que aún desconozco me es más fácil establecer empatía con personas mayores que con más jóvenes, la gente de mi edad muchas veces me exaspera y eso puede sonarles extraño porque hasta donde tengo entendido me han tomado por una persona muy paciente.

¡Gracias a todos en Quintalegre!
¡Gracias a todos en Quintalegre!

Una amiga me dijo que así como ustedes han dejado huella en mi es muy probable que así haya dejado yo en ustedes; ella me preguntó: «¿Sabes cuántas vidas son diferentes solo porque tu estuviste en Quintalegre?» A mi este tipo de pensamientos se me hacen egocéntricos, no desestimo mi presencia ni trabajo pero jamás me escucharan diciendo que yo cambié vidas ni que mi presencia vaya a hacer la diferencia en alguien, cada persona hace lo que puede y yo me siento orgulloso de decir que también he hecho lo mejor que he podido.

Los que compartimos más tiempo conocieron un poco más de mi manera de pensar y tal vez esto que voy a decir a continuación les suene familiar; me considero una de esas personas afortunadas que toda su vida han hecho solamente cosas que le gustan hacer. Me gusta la psicología y la he estudiado y ejercido desde hace más de 7 años, me gusta escribir y de vez en cuando me pueden leer en la revista de “Ser Mayor” que nos llega mensualmente, me gusta trabajar con personas mayores y aquí me tuvieron un año. Hacer las cosas que me gustan me lleva a realizarlas lo mejor que puedo y a sentirme satisfecho haciéndolas, si hoy tuviera que dejar este mundo lo haría tranquilo sabiendo que me esforcé y di mi 100% cada día. Admito que había días donde mi máximo apenas y me dio para acercarme a la clase de Gaby y platicar con quienes estuvieran presentes.

Como siempre he hecho lo que me gusta he sido bendecido con el regalo de no tener que levantarme a trabajar nunca. No hubo un solo día en que yo viniera a la residencia a trabajar (solo no le digan a Juan Pablo). Yo venía a hacer lo que me gusta, venía a Quintalegre porque durante más de un año aquí estuvo mi casa, mi escuela y mi familia y les agradezco todo el tiempo que me dedicaron así como la paciencia que me tuvieron cuando no los entendía.

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