Imagen "Winds of change" por khalid Albaih
Imagen “Winds of change” por khalid Albaih

Cambios en mi vida.

Cada vez que hay un cambio en mi vida tengo la certeza de que es para mejorar, en general procuro ser el que controla esos devenires no digo que pueda alterar todas las circunstancias por las que atravieso en mi vida pero en general yo mismo busco generar mis propias alternativas.

Aunque durante largas charlas he llegado a conocer más o menos bien solamente a un puñado de gente, me da la ligera impresión que toman muchas decisiones por cuestiones ajenas a su propio criterio. Yo también he hecho eso, he dicho cosas de las que no estaba convencido y he aplicado criterios para resolver mis asuntos que estaban lejos de mis plena convicción. Nunca he sentido mayor arrepentimiento que en dichas ocasiones.

¿Qué es mejor para mi?

Se supone que actuamos de esa forma porque nos llegan a convencer de “lo que es mejor para nosotros”. Hoy puedo decir que este criterio es una reverenda sandez. Es ilógico pensar que alguien puede decir lo que es mejor para uno, somos personas falibles y sin embargo, dentro de nosotros mismo descansa un instinto que nos permite tomar las elecciones más saludables para nosotros mismos si tan solo lo dejamos fluir. Es nuestro juicio el que debe madurar lo suficiente para hacer “lo que es mejor para nosotros” y nadie, por mejores intensiones que se proponga, es capaz de tomar esta iniciativa que solamente atenta contra nuestra propia autonomía e independencia. No hablo de la libertad porque todavía no me siento listo de abordar un tema de semejante envergadura.

Solo hago lo que me gusta hacer.

Hoy me siento satisfecho conmigo mismo porque las pequeñas acciones que realizo en cada uno de mis días son aquellas que me gusta hacer. Me gusta la psicología, así que la estudio y la ejerzo en mi vida diaria, me gusta el tema del adulto mayor y me he especializado en ello, vivo en una casa donde disfruto estar, salgo cuando mis amigos el día que de verdad tengo ganas de verlos… en un momento de mi vida quise irme a estudiar a otro país y me largué, y de la misma forma intempestiva que lo hice asimismo regresé porque eso que en teoría había imaginado que me gustaría resultó traerme mucho malestar. Me regresé por la misma razón por la que me fui: porque quise hacerlo; jamás se me ocurrió pensar ¿qué van a decir mis amigos, familia, novia, maestros y demás gente a la que le conté mi viaje? Toda esa gente pudo tener una opinión sobre “lo que era mejor para mi” pero todos, incluso yo, nos habríamos equivocado, es imposible saber si las envergaduras de un camino llevarán únicamente a la decepción. Lo que a mi forma de ver es una certeza, es que cada decepción trae lecciones que no se enseñan a menos que las vivas en carne propia.

Quizá por eso las personas seguimos atrapadas en las mismas cuestiones que se hacían los filósofos hace más de 2 mil años, porque cada uno debemos enfrentarnos a la misma lección si queremos aprehender una forma de vida más plena.

Becario.

Lo que quiero hacer el día de hoy es vivir en el DF y estudiar la maestría. Con una beca de CONACYT no me podré dar una vida holgada y sin preocupaciones económicas, pero básicamente nunca he vivido de esa forma así que no hay mucha diferencia. El día que me enteré que entraría a la maestría y me iría a vivir a la capital, mi amiga “Ela Trasco” me dijo “¡Felicidades! solamente no te regreses a los 15 días”. Este comentario sarcástico que muchos hubiera exasperado me gustó mucho, porque yo mismo lo habría hecho si la situación fuera al revés, me hizo sentir una especie de conexión.

Lo que quiero para el día de mañana no es un secreto: quiero un centro de día y ser un ponente internacional en congresos. No regresaré del DF hasta que haya obtenido lo que necesito de ahí para cumplir esa meta y, por supuesto, hasta que me deje de gustar.

Advertisements