Hoy en día nuestro país vive uno de sus episodios de agitación social y política más relevantes de los últimos años, quizás el más relevante desde el levantamiento del EZLN hace 20 años en Chiapas. El epicentro de tal movimiento en esta ocasión es el estado de Michoacán en un fenómeno que ha sido conocido y divulgado popularmente como autodefensas. Contrario a lo que la amplia difusión mediática que este movimiento ha recibido ha hecho creer, dicha situación no inicia en fechas recientes ni tampoco con la organización del grupo dirigido por Hipólito Mora y el doctor José Manuel Mireles.

 

Esto se remonta a un par de años atrás, en el municipio de Cherán, Michoacán. Cansados de los abusos, extorsiones y la violencia generalizada traída a la región por los grupos de narcotraficantes y de talamontes la población, encabezada por mujeres locales, cambió la organización política interna el 15 de abril del 2011. Frustrados, desesperados e indignados ante los homicidios, las desapariciones y la complicidad de los diferentes niveles de gobierno y los diferentes partidos políticos lograron cancelar las elecciones del 13 de noviembre de 2011 (después de enfrentamientos con los delincuentes en los cuales decidieron defenderse con los medios a su alcance a toda costa) y recibir una resolución por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para elegir su propio ayuntamiento sin intervención de partidos políticos mediante un sistema de usos y costumbres aprobado por la mayoría de los ciudadanos el 18 de diciembre de aquel año. En consecuencia, el nuevo gobierno purépecha decidió expulsa al crimen organizado y elementos de policía, así como toda forma de organización política partidista.

 

Sin embargo, durante el 2013, el cartel de los Caballeros Templarios siguió avanzando por los 113 municipios de Michoacán. Una organización que tiene como características principales la violencia extrema que ejerce y el culto semireligioso de sus integrantes no tuvo miramientos para ejecutar sus actividades delictivas, desde el tráfico de drogas a gran escala rumbo al norte hasta el secuestro, asesinatos, desapariciones, violaciones a niñas y extorsiones a los pobladores michoacanos. Ante la situación límite en la que estaban sumergidos, los habitantes de la región de tierra caliente, hartos, decidieron organizarce para realizar el levantamiento que hemos ido presenciando en el lapso del último año. Encabezados por Hipólito Mora, Estanislao Beltrán y José Manuel Mireles la gente tomó las armas, vehículos y equipo a su disposición y comenzaron a “limpiar” tierra caliente municipio por municipio dando cacería a los miembros del cartel, avanzando de forma imparable y alcanzando 45 municipios (incluido Apatzingan, bastión de los templarios) y más de 20,000 seguidores en sólo once meses. En el camino fueron confiscando armamento, vehículos y propiedades usadas como vivienda y negocios de los altos miembros del cartel aumentando su poder y potencia de fuego.

 

Como todo movimiento armado, además de los enfrentamientos con los sicarios y brazos armados se registraron encontronazos con las fuerzas armadas, ante la situación de caos e incertidumbre que se vive en el estado. El avance de estos grupos paramilitares y la escalada en su repercusión tanto política, mediática como militar orilló al gobierno a entrar al terreno y establecer un plan de acción para integrar a las autodefensas al marco de la ley. Se pretende regularizar a los grupos al crear las llamadas policías rurales que vendrían a sustituir a los actuales cuerpos del orden, se dio un plazo límite hasta el 10 de mayo de este año para registrar las armas que se poseen y se les ofreció otorgarles entrenamiento y armas oficiales por parte de la SEDENA. Al mismo tiempo, elementos federales y militares comenzaron a compartir información y a planear estrategias conjuntas para avanzar en la pacificación del estado michoacano orillando a los templarios a replegarse y dejándolos mermados económica y moralmente pero no acabados, continuando en pie de guerra contra las autoridades y las autodefensas, a los cuales persiguen y atacan con rigor.

 

Todo este escenario deja varias cuestiones al aire que es importante plantear y varias responsabilidades por deslindar. Antes que cualquier otra cosa la pregunta básica es ¿cuál es la causa de todo esto?, ¿qué nos trajo hasta aquí?. Sería iluso creer que esto se ha gestado de la noche a la mañana o que solamente ha sido producto de un par de años de actividad delictiva y abusos, no, esta situación se puede rastrear décadas atrás, en los diferentes gobiernos que fueron y vinieron, saqueando al pueblo y viviendo a sus costillas pero sordos ante sus necesidades, años de corrupción endémica que acabo pudriendo el sistema desde sus entrañas. Años de ambición desmedida y completa falta de interés en gobernar al pueblo no como forma de enriqueserce sino como servicio público, lo cual llevó primero a condiciones benignas para el florecimiento de los grupos criminales y luego a la total asociación con ellos, desdibujando la línea de la legalidad, del estado y el delincuente, creando un monstruo de miles de cabezas cuando el gobierno se comenzó a confundir con los delincuentes sin prever que cuando el pueblo no resistiera más, cosa que eventualmente pasaría, tampoco haría distinciones. Pero, si bien el gobierno adoptó la corrupción como política de estado el pueblo la tolero como parte de lo cotidiano, y eso es algo que le corresponde a a cada mexicano y que no podemos eludir. Cada vez que nosotros, antes y ahora, aceptamos y toleramos prácticas de corrupción, incluso fomentándolas no sólo estamos cayendo en la incongruencia sino que estamos permitiendo que esta cultura se siga arraigando y se normalice, una vez que hemos visto lo que puede llegar a provocar dado el tiempo necesario. Es cierto que esto debería de recordarle al gobierno que el pueblo manda y ellos obedecen y no viceversa, pero también debería recordarnos a nosotros que somos parte activa, no pasiva, de la sociedad que integramos y que por tanto tenemos una responsabilidad ética de fomentar una sociedad sana previniendo y actuando.

 

Muchas dudas y recelos deja también este episodio que se acontece en el territorio de los michoacanos. Dudas sobre cuál es el futuro del movimiento, ¿qué pasará si se logra el objetivo de erradicar a los Caballeros Templarios?, ¿cuál será el siguiente paso?, ¿el desarme?, ¿una regularización más amplia que asimile totalmente a los autodefensas?. Hay muchos fantasmas flotando en el aire sobre episodios parecidos que se han sucedido en otras partes del mundo y han derivado en conflictos armados y movimientos paramilitares que terminaron haciendo un daño aún más grande a sus países y poblaciones. También hay muchas sospechas sobre algo que es de por sí complejo. ¿De donde se están sacando las armas que el movimiento usa?, la mayoría parecieran experimentados, en ese caso, ¿quién les está brindando entrenamiento?, dado el tipo de estrategias utilizadas, el armamento pesado y de uso exclusivo del ejército y los vehículos y equipo que se han observado ¿cómo podemos estar seguros de que las autodefensas no están infiltradas por miembros de otro grupos delictivos?, ¿qué no están siendo utilizadas como un caballo de Troya para mermar al cartel rival?. Todo esto es importante que se plantee y se analice, es importante que todo el empoderamiento que se ha alcanzado recaiga y siga recayendo equitativamente entre el pueblo y que no se concentre en un sólo grupo aislado, que no se generé la semilla para una nueva supremacía que pueda actuar como grupo delictivo.

 

Considero pertinentes todos estos puntos y creo que deben ser estudiados con detenimiento para encausar esta situación hacia una resolución pacífica y que sea conveniente para el estado michoacano, gran víctima de esta tragedia moderna. ¿Porqué es necesario esto?. Yo apoyo al movimiento de autodefensas en Michoacán, también creo que tiempos desesperados requieren medidas desesperadas y que cuando el gobierno ha perdido toda competencia para hacerse cargo de su responsabilidad de brindar seguridad al pueblo este tiene el legítimo derecho de reclamar lo que le pertenece, tierra, libertad, dignidad, justicia. Pero queda un punto que quiero tratar con mucho cuidado. Estamos enfrentándonos a una situación en donde se ha perdido el estado de derecho, la ley no se ejerce, el gobierno en sus diferentes niveles está infiltrado o en franca asociación con la delincuencia, el pueblo está oprimido, el salvajismo y los crímenes son moneda común y se han convertido paulatinamente en una situación normal, normalizada, en una situación en donde las poblaciones se dirigen por la ley del más fuerte y no por las leyes establecidas para la convivencia y el gobierno de una tierra, en donde dejó de operar el orden y la impunidad se estableció como valor supremo. Ante tal contexto salta la pregunta ¿cómo podemos juzgar a un autodefensa por, por ejemplo, asesinar a un delincuente cuando el hecho se da en un estado sin ley, cuando, previamente, los crímenes no se castigaban d cualquier manera?, ¿cómo podemos condenar a un autodefensa por un crimen cuando este crimen es contra la misma persona que lo orilló a cometerlo, que suspendió la ley y que actúo ilícitamente en contra de civiles inocentes, cuando ese autodefensa está haciendo el trabajo sucio que correspondería a la policía que que esta no puede hacer porque esta inhabilitada ante el crimen?. Creo que los principios legales y filosóficos nos dirían que en un estado sin ley, no es posible condenar a un ciudadano que comete un crimen para defender sus legítimos derechos ante otro o que actúa en defensa propia. Pero ahí mismo radica la importancia de acelerar y posibilitar el proceso de paz e integración, esta medida es extraordinaria y debe durar tanto como dure el problema, el objetivo debe de ser siempre apresurar el regreso a un estado de derecho en donde las instituciones puedan encargarse de limpiar a la comunidad de delincuentes y los civiles adopten de nuevo las normas y se rijan por ellas, de lo contrario nos encontraremos ante lo que eventualmente puede transformase en otro grupo delictivo, en un movimiento paramilitar, en un perro aferrado al hueso del poder o en una nueva clase gobernante de facto que no está blindada ni mucho menos ante la corrupción.

 

Todo esto va más allá del bien y el mal, reitero las dudas que planteo pero también reitero mi apoyo. Y creo que el principal reconocimiento debe de ser en primer lugar a todas aquellas personas inocentes que han vivido por tantos años bajo el lastre de una plaga, a todos aquellos que resistieron la victimización y el robo de su paz y tranquilidad, que permanecieron honestos, honrados y valientes antes que volverse parte del problema, a todos aquellos que día a día nos muestran que aún existe la decencia. En segundo lugar el reconocimiento va para todos aquellos que forman parte de las autodefensas y no lo hacen por intereses personales o por acumular poder, ni por una sed de conflicto o venganza, sino que sienten el llamado del sentido de la justicia, de la solidaridad, de la igualdad, a todos aquellos que están hartos de ser apáticos y que están dispuestos a dejar su propia vida en el campo con tal de detener el robo y la extorsión a los campesinos, las violaciones a sus hijas, hermanas y nietas siendo apenas unas niñas, el terror generalizado entre la población, las muertes sin sentido y el hedor pútrido de la corrupción y la indiferencia, a todos aquellos que se atreven a gritar ¡ya basta! y que le dan potencia al rugido de una fiera llamada pueblo unido. A todos ellos mi reconocimiento. #soyautodefensa

-Omar Ojeda

 

Los invito a sumarse

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