“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis…Respondiendo el Rey, les dirá: en verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aún a los más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Matteo 25:35

Cada año miles de migrantes centroamericanos, procedentes de países como Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador, cruzan la frontera sur de México con la esperanza de llegar a los Estados Unidos y ahí encontrar los medios para brindarles a sus familias una mejor calidad de vida. De acuerdo a cifras combinadas del INM y la patrulla fronteriza norteamericana, el flujo de migrantes ha oscilado entre un pico de 433,000 personas en 2005 hasta los 140,000 registrados en 2010. Si bien la cifra ha disminuido es innegable que el flujo de personas que buscan atravesar nuestro territorio aún es colosal. Desgraciadamente, el periplo de estos miles de hombres y mujeres en busca de un poco de esperanza para sus familias no consiste en meramente atravesar dos frotares divisorias entre países, cada uno de los miles de kilómetros de territorio mexicano que deben atravesar son una trampa que en muchas ocasiones cuesta la vida misma.

En su trayecto, los hermanos migrantes deben sortear las barreras físicas que encuentran en cada frontera, evadir a las autoridades y adentrarse en territorios desconocidos de la mano de traficantes que no van a dudar un segundo en abandonarlos a su suerte o hacerlos caer en trampas para extorsionarlos. Una vez dentro, tendrán que arriesgar la vida movilizándose por medio del tren de carga conocido como “La Bestia”, el cual produce miles de muertos y mutilados en diversos accidentes. Se enfrentaran a agentes corruptos del Instituto Nacional de Migración que en el mejor de los casos los deportarán, en el peor; los venderán por un par de miles de pesos a delincuentes como si de mercancía o cerdos se tratara. Tendrán que sortear a carteles del narcotráfico que ven en ellos carne de cañón desechable, mano de obra gratuita que puede ser utilizada como sicarios, fuente de órganos para traficar, mujeres para someter a esclavitud sexual o fuente de ingresos a través del secuestro y posterior demanda de rescate a los familiares aún en Centroamérica. Harán frente a violaciones, asesinatos, secuestros, torturas, desapariciones forzadas. Pasarán hambre, frío, sueño, sed, vivirán en la inmundicia, serán perseguidos y criminalizados por las autoridades, repudiados por los habitantes de las localidades y estigmatizados por la sociedad.

A sabiendas de todas estas penurias, hombres, mujeres y niños emprenden el camino año con año, algunos de nueva cuenta tras no lograrlo en el primer intento. En palabras de aquellos que salen expatriados “imagínate cómo debe de ser la situación de mi país que prefiero pasar este infierno en la tierra antes que quedarme ahí”. Año con año miles de personas se arriesgan a formar parte de la estadística de desaparecidos, que se cuentan por decenas de miles, o a repetir hechos tan lamentables y aberrantes como los acontecidos en San Fernando en el 2010 y 2011, cuando se descubrieron fosas comunes que contenían 72 y 193 cuerpos respectivamente, dejando al descubierto un escenarios dantesco, tierra manchada con la sangre de inocentes, un golpe directo al sueño de una sociedad que decidió volver invisibles a aquellos que le resultaban incómodos.

Algunos han decidido actuar y no ser indiferentes ante la tragedia, ante lo que el presbítero Pedro Pantoja Arreola, director de la casa del migrante de Saltillo, Coahuila, ha llamado “la persecución, criminalización y exterminio del migrante, un genocidio, el holocausto del siglo XXI”. Diversos defensores de DDHH se han dado a la tarea de fundar casas, estancias y organizaciones que buscan tender una mano al migrante y ser un salvoconducto a terreno medianamente seguro en donde se pueda descansar el cuerpo y saciar el hambre y la sed al menos por unas horas, así como trabajar por una agenda en favor de los hermanos centroamericanos, buscando el alto a la persecución y criminalización, el otorgamiento de libre tránsito para los migrantes, el saneamientos profesionalización del INM y la captura de las bandas de delincuentes que amenazan a los migrantes, sus familias y a nosotros mismos. Ejemplos de estos, además del padre Pantoja, son el sacerdote Alejandro Solalinde, fundador del albergue Hermanos en el Camino, en Ixtepec, Oaxaca, Fray Tomás González, fundador del albergue La 72 en Tenosique, Tabasco, el grupo de “Las Patronas” conformado por mujeres de la localidad de La Patrona, en Veracruz, quienes, a pesar de sus propias carencias, cocinan y distribuyen comida, al tiempo que brindan asilo a los migrantes que viajan en el tren provenientes de Chiapas, en su albergue La Esperanza, Concepción Moreno Arteaga “Doña Conchi”, habitante del estado de Querétaro encarcelada dos años y medio por cargos de tráfico de personas ante su constante ayuda a los viajeros y Martín Martínez Ríos, director de la Estancia del Migrante en Tequisquiapan, Querétaro, quien continua peleando por contar con un espacio en donde estas almas puedan tener un poco de descanso antes de salir a enfrentar de nuevo la cruda realidad, mismo que está a punto de ser desalojado en Tequisquiapan y que ha sido eternamente postergado por el gobierno de la ciudad de Querétaro capital. Ejemplo de dignidad y lucha, de solidaridad ante el hermano caído, indefenso, estos y otros defensores que han ayudado a esos hombres y denunciado esta carnicería han sido objeto constante de amenazas e intimidaciones, lo mismo por parte de miembros corruptos de diversas agencias del orden como por parte de los grupos del crimen organizado, sucesos que los han llevado a vivir bajo constantes amenazas de muerte e, incluso, abandonar el país temporalmente.

En días pasados tuve la oportunidad de conocer a algunos de estos titanes y creo que ha llegado la hora. Ha llegado la hora de desmentir muchos mitos respecto a la migración. La migración es un fenómeno complejo; los migrantes no salen de sus países de origen dejando atrás su hogar, su familia, sus pocas posesiones, su cultura y su gente porque deseen deliberadamente hacerlo o entrar en nuestro territorio sin más, si lo hacen es porque la situación en sus países de origen aún peor, vienen sufriendo un exilio autoimpuesto debido a una situación social de pobreza extrema, en donde no pueden sostener a sus familias con lo más elemental, no pueden alimentarlos, no pueden salir de ese círculo vicioso que es la miseria solapado en territorios casi ingobernables y a muy poca distancia de convertirse en estados fallidos, azotados por la violencia y el crimen de grupos que, al igual que en México, han balado de sangre el suelo nacional y han fracturado a la sociedad obligándolos a partir en busca de un sueño que muchas veces se torna pesadilla. Creo que es imperante no olvidar nunca, jamás, las palabras de Fray Tomás González; “la migración es un proceso que victimiza doblemente al sujeto, por una parte las vejaciones sufridas aquí y por otra la situación de origen de la cual proceden; una pobreza que ya les ha robado la dignidad más elemental antes de siquiera partir”. Entonces olvidemos esa falsa creencia que nos hace ver al migrante como ladrón, como vago, como parásito, como invasor, el como nosotros viene buscando la forma de sobrevivir. Estemos más informados como ciudadanos, reconozcamos que todas las poblaciones del mundo proceden de procesos migratorios y que estos son importantes para el desarrollo del mundo, que en un mundo globalizado y desigual como este, cada continente tienen su propio fenómeno de desplazados y este no es exclusivo de América, seamos congruentes y, todo eso que ocurre con nuestros compatriotas en Estados Unidos y que queremos que pare, evitemos actuarlo con los camaradas centroamericanos. Abramos los ojos y abracemos la visión del hombre como fin y no como medio, faltaría espacio aquí para hacer un análisis más profundo sobre las causas del fenómeno migratorio y, si bien sea una tarea mucho más compleja y a muy largo plazo aquella que pretenda cambiar el sistema económico y los factores sociales que dan como resultado la migración, si podemos ir paso a paso y codo a codo tratando de cambiar poco a poco un juego cuyas reglas generan ricos cada vez más ricos, pobres que aumentan en forma exponencial y una clase media que lentamente se extingue, si podemos negarnos a seguir el juego y las doctrinas que falsamente pregonan que el hombre es mercancía, que se le puede fijar un precio, que se puede comerciar con el y desecharle cuando pierde utilidad, creo que podemos comenzar por devolverle a todos los hombres su dignidad innata y el valor intrínseco de su vida sin excepción alguna, comencemos a tratar a todas las personas como nos gustaría ser tratados nosotros mismos, volvamos a creer en el respeto, en la hermandad, en la solidaridad, alcemos la voz ante los abusos de poder y autoridad que presenciemos y caminemos junto a ellos, sin miedo porque sabemos que estamos del lado de una causa justa.

Es cierto que este fenómeno ha propiciado el auge de manifestaciones que buscan sacar provecho de la buena voluntad de las personas. Personas que se hacen pasar por migrantes sin serlo con tal de sacar provecho económico. Ante esto les pido que seamos más inteligentes pero no indiferentes. No donen dinero a los migrantes que encontramos día a día, en lugar de esto cedan un poco de comida, agua, ropa (sobretodo zapatos y agujetas) y cobijas. Aquellos que en verdad lo necesitan podrán seguir más fácilmente su travesía con dichos objetos y los que estén ahí sólo para estafar se retirarán progresivamente si no hay ganancia. Les pido que vean al hermano centroamericano no como un delincuente, no como alguien que debe ser perseguido sino como un igual, como un ser humano que goza de los mismos derechos, que tiene la misma dignidad y cuya vida vale exactamente lo mismo que la tuya o la mía, no más, no menos. Les pido que cuando presencien cualquier acto de violencia, discriminación o maltrato ante el migrante no se queden callados, que levanten la voz, que actúen, que denuncien y que acompañen a aquel que está indefenso en un país extranjero, que no sean parte del problema, que caminemos juntos y así, acompañados les permitamos ingresar a donde se les niega el acceso, comprar víveres para su camino y descansar ante la fatiga de su travesía. Les pido que no cierren su corazón ante nuestros hermanos y aquellos que los defienden, les pido a los vecinos de las varias, pero aún pocas, casas del migrante que hay en nuestro país no impidan el establecimiento de más de estos locales, el problema no es el migrante, el problema es la autoridad corrupta y el delincuente que busca explotar y objetivizar al hombre, les pido que abran su corazón a la compasión, que abran la puerta de su casa a aquel que está necesitado. Les pido que seamos solidarios con nuestros hermanos, que aprendamos de nuevo a dar la mano cuando alguien cae, que aprendamos de nuevo que la bondad es más fuerte que cualquier AK-47, que la grandeza del hombre está en la medida en que se entrega a otros. Les pido a todos que difundan el mensaje de solidaridad con sus conocidos y que ayuden a desmentir los mitos en cada oportunidad. Le pido a los habitantes de la ciudad de Tequisquiapan que alcen la voz y no permitan que uno de los pocos lugares seguros en el país para el migrante como es la Estancia del Migrante dirigida por Martín Martínez sea clausurado y que él, su familia y todos los hermanos que de su buena voluntad sobreviven sean puestos en la calle, destruyendo su labor y poniendo a los migrantes en una situación aún más riesgosa de nuevo. Le pido a todos los habitantes de la ciudad y del estado de Querétaro que hagan valer su voto y que ejerzan su ciudadanía presionando por todos los medios de expresión y opinión al gobierno municipal y estatal para que cumplan su palabra de ceder un terreno en la ciudad destinado a construir la casa del migrante. Hoy es por ellos, mañana por nosotros, a aquellos que crean en un Dios, abogo a que pongamos en práctica las enseñanzas de la fe y salgamos de las iglesias, que salgamos a la calle y practiquemos la bondad y el amor que decimos tener como credo, la religión se vive allá afuera, cuando vemos a un hermano en cada ser humano. A aquellos que no crean en un Dios o no profesen religión también hago un llamado, un llamado a su cordura, su razón, su corazón, su ética, su moral y su humanidad, basta de apatía, basta de injusticia, comencemos a caminar todos juntos por todo el dolor que ha padecido cada uno de mis hermanos.

Dedicado a cada uno de los más de diez mil hermanos migrantes que han desaparecido en nuestro país, a sus madres y familias, a aquellos que han sobrevivido y a aquellos que han dejado la vida en mi país, que encuentren pronto el camino y la justicia llegue a ustedes.

*Para cualquier que quiera brindar su ayuda, pueden encontrar más informes en https://www.facebook.com/pages/Estancia-del-Migrante-González-y-Mart%C3%ADnez-AC/176626635748459?fref=ts

-Omar Ojeda

IMG_2838

Advertisements