Por Núñez Paniagua

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Fotografía por clotho 98

La mujer a la que le escribía cartas de amor.

El día que me enteré de que la mujer a la que le había escrito cartas de amor hacía poco más de un año, “Daliena”, estaba saliendo con alguien más, y según sus propias palabras va en serio, creo que me derrumbé. Fue hace muy poco, estaba trabajando y no me podía despegar mucho del lugar donde estaba porque había llevado a un par de señoras de paseo sabatino. Ellas nunca se hubieran dado cuenta que algo me estaba pasando, de hecho, puede ser que incluso si yo hubiera estado con mi mejor amigo él lo habría pasado inadvertido. En general soy una persona muy transparente, cuando me hicieron la prueba del polígrafo me lo comentaron: –Hay personas que después de tanto mentir han generado cierta experiencia y lo pueden ocultar–, me decía –tú no eres de esas, es fácil saber cuando mientes–. Y sin embargo, cuando una noticia que revuelve lo más profundo de mis sentimientos llega a mi conciencia, no puedo hacer otra cosa que helarme, como si estuviera petrificado en un iceberg.

Esa noche estaba muy molesto, es más, molesto es poco, estaba cabreado y con ganas de gritarle a quien fuera lo patético de su vida. Pero no había nadie, estaba solo y mi iracunda compañía seguramente no sería bienvenida por nadie. Le escribí a un amigo, llamémosle “Oram Odeja” para proteger su identidad. Le hice saber de una manera muy amable como me sentía: –Oram, somos amigos y todo, yo sé que si les agendo con una semana de anticipación cualquiera me regala una hora de su tiempo, todos son excelentes psicólogos–, le dije buscando tener a alguien con quien hablar. Desgraciadamente mi exigencia de hablar con alguien se volcó contra mi y lo único que conseguí fue empatía y condescendencia. Lo que fue una verdadera fortuna pues era un panorama que mostraba potencial para volverse una riña infantil y regresiva.

El plan para esa noche.

Yo tenía un plan para esa noche, tomar whisky black and white hasta hartarme. Mis pensamientos en esos momentos son más o menos de la siguiente manera: me siento mal, por lo tanto puedo tomar para demostrármelo, por lo tanto no necesito hablarlo con nadie, por lo tanto el alcohol resuelve los problemas y es la consecuencia más razonable para cuando una persona se siente triste. Si en esos momentos pudiera detenerme un momento a reflexionar y aclarar ese torbellino de ideas que me hace girar la cabeza llegaría rápidamente a la conclusión de que en esos momentos lo mejor es mantenerse sobrio, y aclarar tus sentimientos, escribiendo o hablando. Eso lo hice después.

Más tarde esa misma noche me dirigí a un café con “Calonira” y “Tarama”. Los acontecimientos de la charla que tuve con ellas no son del todo claros, recuerdo que varias veces me molesté por las cosas que me decían y me concentraba en detalles irrelevantes; además, sin saber exactamente cómo, terminamos hablando de los preceptos de la religión católica. Yo traté de explicarles que ahora participaba en las misas como acólito, pero jamás pude encontrar esa palabra en mi mente. Sea como sea, estas dos mujeres estuvieron ahí, me escucharon y se los agradezco profundamente. Me retiré y regresé a mi casa. Cuando pensé que era lo último de la noche resultó que el destino me demostraría una vez más que me equivocaba.

Para cuando “Regcia” llegó a mi casa yo ya debía de estar muy borracho pues ella estaba un poco sorprendida, cuando me preguntó la causa, evidentemente no contesté. Yo sé que soy pésimo para mentir, de modo que lo hago lo menos posible, es más sencillo evitar el tema, desviar la conversación hacia otro lado, no importa si es de manera sutil o descarada, ignorar las preguntas es preferible a afrontar las consecuencias de decir una verdad incómoda. El problema de este pensamiento es que días después me acobardo de mi cinismo y elijo hablar; grave error, como le aconsejé alguna vez a “Oram” ¡Nunca seas tu mismo!, cuando esta parte sana de ti mismo te pida hablar con la verdad trata de callarla antes de que hable porque las consecuencias en general son incómodas para el que las dice y más para el que las escucha. Como era de esperarse, cuando “Regcia” escuchó la razón de mi noche privada de copas, se molestó, dijo que la molestia era consigo misma y no conmigo, pero mi narcicismo me lleva a pensar que si digo algo y eso te molesta, seguramente es por mi. Días después, y reafirmando mi teoría, me comentó que se preguntaba ¿por qué gastaba su tiempo conmigo? Yo tengo magnificas respuestas para esta pregunta, pero el mero hecho de que esta cuestión sea formulada me da cierta satisfacción, probablemente una necesidad patológica es satisfecha.

Las actitudes saludables que no lo son tanto.

También he tomado actitudes saludables después de esto. Le escribí una carta a “Daliena”, le dije cómo me sentía y no solo eso, si no que pude releer una de las primeras (sino que la primera) cartas que le escribí, misma de la que retomé un párrafo y se lo volví a dirigir esta vez con un significado más amplio de cuando fue formulado originalmente, aquí se los comparto:

“A partir de hoy me niego a volver a hacer las cosas sólo por hacerlas, quiero que notes el amor y la pasión con la que me desempañaré en cada ámbito de mi vida, no por querer ganarme tu amor sino para que puedas constatar el impacto que ha tenido tu figura en mis acciones.”

Me asombra lo dramático que puedo sonar a veces.

Problemas familiares.

Días después de todos estos acontecimientos ya me encuentro en mayor calma, pero dura muy poco. Mi familia viene de visita y, como es su costumbre, me pone sobre la mesa la responsabilidad de solucionar problemáticas que no me corresponden. En retrospectiva, tal vez así se justifica mi elección como psicólogo en mi vida. Desde chico mi familia me atribuyó cualidades mágicas para resolver situaciones conflictivas que ellos mismos no podían, eso me lleva a comportarme con una madurez superior a mi edad y con el tiempo la única respuesta lógica se vuelve seguir reparando situaciones externas en otros.

Al día de hoy no creo haber reparado ninguna situación conflictiva en nadie, ni siquiera las mías propias. Lo que si he hecho es dejar de atribuirme poderes siniestros que me permitan arreglar los malestares ajenos, esto me ha servido en lo profesional y lo humano. Me ha vuelto más humilde, a pesar de que en apariencia todo aquel que me conozca pensará que soy más bien egocéntrico.

La cita en la cantina.

Esta vez la cita es en una cantina, me vuelvo a ver “Calonira” y ahora se nos une “Junial”. Les cuento mi problemática familiar en un panorama bastante amplio pero lo suficientemente conciso para que se pueda entender: básicamente el problema familiar más superficial se reduce a que mi familia tiene una pésima relación con el dinero, incapaces de administrar y hacer negocios se encuentran sumidos en una imposibilidad para seguir manteniéndose a sí mismos. Por mi lado no estoy exento de estos aprendizajes (que más que aprender diría que he aprehendido), mi dificultad para ahorrar se manifiesta en el ejemplo de un año de vida trabajando sin poder dejar de gastar un solo peso. Cuando comencé mi trabajo actual quedaba de manera explícita el objetivo de ahorrar para desarrollar mi propio centro de día para adultos mayores, y al día de hoy estoy probablemente en una situación exactamente igual.

Un vendedor de una seguradora me ofreció ayudarme en este plan (Seguros Monterey). Su propuesta básica es muy sencilla, me ofrecen un papá que me guarde el dinero en una cuenta que ellos administren sin posibilidad de hacer uso de el y me lo devuelven como pensión para mi vejez o como capital para iniciar un centro de día. Suena bastante lógico usar esta herramienta, pero me decidí mejor que se vuelva un reto personal. Demostrarme a mí mismo que soy capaz de llevar a cabo este ahorro y romper un círculo vicioso familiar.

El resto de la velada con “Junial” y “Calonira” transcurrió un poco confuso para mi, al poco rato se nos unión otro amigo con el que no tengo problema en usar su nombre real: Alfredo. Durante la charla, a veces no entendía muy bien lo que estaban diciendo y verdaderamente me sentía como de un mundo distinto: tanto en las pláticas de sexo, como en las trivialidades del trabajo o el asunto de otros amigos y conocidos; sentí que no coincidía en nada. Siendo franco conmigo mismo (y con ellos) tampoco es la primera vez que me sucede, más bien así es mi vida, de repente me siento fuera de lugar incluso si estoy con amigos, familia o novias, pero son episodios momentáneos, en general aprecio estar con ellos y el hecho de que me sienta más cómodo estando solo esto de ninguna manera me hace ser feliz.

El hombre en completud.

Estar solo no me hace para nada miserable, pero estar con mis amigos y con otra gente, aunque de repente sea un poco duro y apático, me hace sentir incómodo pero de rato de estar ahí me llega una sensación agradable como de completud. Así me sentía con “Daliena”, pero eso de ninguna forma significa que no lo sentiré con nadie más o que, por qué no, llegaré a sentirla estando en paz conmigo mismo.

Examen de la UNAM y estrenar Blog.

Para finalizar lo que seguramente será mi contribución más larga a un número de Grosso Modo debo confesar que estoy nervioso. En el trabajo he pasado por alto varias peticiones que me han hecho durante semanas. El martes 22 presentaré mi examen de conocimientos específicos para entrar en la UNAM y volverme un neuropsicólogo, he estudiado sí, pero muy poco, nada en serio, aunque debo de confesar que mi estilo nunca ha sido de tomarme las cosas muy en serio, estudio poco pero casi siempre lo estoy haciendo, es una especie de hábito. (Si estas leyendo esto y haz llegado hasta aquí te debo un peso, pídemelo la próxima vez que te vea.)

Cuando lean esto ya habré ido al DF, presentado mi examen y tendré más hipótesis sobre mi futuro. ¡Deseénme suerte, porque aparte de todo, estrenamos blog!

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