Por Omar Ojeda

Vista previa de “Grosso Modo 25”

Hace mucho que quería escribir sobre esto pero lo había postergado por temas que parecían sucederse, en el mundo o en mi mente, de forma más inmediata. Desde el momento en que conocí esta historia supe que tenía potencial de ejemplificar algo muy poderoso, así que quise hacer de ella algo trascendental, quise usarla para algo que valiera la pena en el momento adecuado, en un momento simbólico, más que específico, aunque no sabía cuál sería ese momento. Finalmente me he dado cuenta de que en la vida no puedes estar posponiendo las cosas por sólo por el mero hecho de estar esperando un día especial o una forma especial, de estar esperando algo simbólico, de estar esperando la palabra precisa, el momento justo, la hora y el segundo exacto, no, esas son sólo cosas que nosotros queremos ver pero que ni siquiera están ahí realmente, son excusas que nos damos a nosotros mismos para postergar, cuando sabemos que si no hacemos las cosas no es porque se haya dado el momento, sino porque seguimos dudando, procrastinando y teniendo miedo, porque no hemos tenido las pelotas vamos. Pero en fin, ya hablaré sobre esto otro día, por hoy esto ha coincidido con el fin del tercer año de Grosso Modo y que mejor ocasión para sacarlo. Que mejor para darme un capricho y hacer de esta historia una hito en la cronología de la revista y un hito en mi vida personal, tal vez y sólo tal vez, de vez en cuando las señales que buscamos están ahí, tal vez son sólo nuestros propios delirios en forma de lo que queremos escuchar pero, honestamente, por hoy me lo permito, ¿qué más da si eso te lleva a moverte hacia donde en realidad quieres ir?.

Hace algunos meses la empresa en la cual trabajo decidió ponerse algo altruista y fijaron que comenzando este año, en el mes de Enero, acudiéramos a una casa hogar denominada Villa Infantil Jesús Martínez y Dolores a entregar ropa y juguetes a los niños que ahí asisten con motivo del día de reyes. Durante la etapa de planeación y logística tuvimos un par de encuentros con el responsable del lugar para coordinarnos en la logística. Fue ahí cuando, a través de las preguntas, inquietudes y opiniones de algunos compañeros, comencé a recordar los prejuicios y nociones preestablecidas, muchas veces falsas, que existen en torno a este tipo de lugares, iniciativas y, desgraciadamente, personas. ¿Cómo le explicas cosas así a gente que no tiene el más mínimo interés por el servicio, por contactar con el ser humano que tiene enfrente, qué no ha tenido contacto con otro tipo de realidades?, ¿cómo desafías conceptos obsoletos pero arraigados?, que una casa hogar no es sinónimo de cárcel ni de correccional, que una casa hogar no es sinónimo de una vida que jamás podrá repuntar, que es una ayuda, no una condena, que el ser humano siempre está capacitado para cambiar, puedes adaptarte a ese lugar o no, puedes delinquir o puedes lograr grandes cosas, la institución tiene que ver, pero no lo determina nadie más que ese ser en particular, que no sólo una pareja que no puede tener hijos adopta, que adoptas por que tienes amor de más para dar, que no siempre es mejor estar con tus padres biológicos, que tener un lazo de sangre no necesariamente significa amar a alguien, que vivir una existencia con penuria y sufrimiento no es necesariamente sinónimo de lástima ni de futuro  desolador, que existe miseria en la vida del hombre pero también existen espíritus inquebrantables, iluminados, a prueba de todo, que, al final del día, tú eres lo que decides ser y eres lo que decides amar, que no existen diferentes categorías de personas, existen personal y punto.  Puede ser que el método sea de alguna manera noble, pero al final de día, la finalidad no es la persona sino una publicidad interna para la empresa, una imagen que se quiere proyectar, una estrategia para mejorar su proyección, al final del día te preguntas si no estás convirtiendo a la persona en una herramienta más que en un fin. Pero a veces también existen males necesarios, y si una corporación va a hacerse publicidad, que sea de los males el menor y lo haga ayudando a una institución dedicada a formar seres humanos y a proteger el futuro de quienes serán nuestro futuro, y no en campañas publicitarias vacías. En medio de todas estas cosas que daban vueltas en mi cabeza la acción finalmente se llevó a cabo y en medio de las dudas pude tener la certeza de ver un par de decenas de sonrisas en personas que tienen un cuarto de mi edad pero han vivido tres veces más de lo que muchos podrían tolerar, en medio del abandono y el desinterés de algunos padres vi hermanos de sangre y hermanos adoptivos sostenerse unos a otros, tomarse las manos, palmearse la espalda y abrazarse, vi niños enfrentados a la cruda realidad tener brillo en sus ojos otra vez, ilusionados, niños que saben que en este mundo es uno para todos y todos para uno o no sobreviviremos, al menos no de forma digna y humana, niños que no emitieron una sola queja, sino que levantaron la mano para expresar su agradecimiento a unos desconocidos, niños que vienen de familias fracturadas pero que no han permitido a su espíritu romperse, niños que al final del día me han enseñado más a mi que yo a ellos.

Al final de todo esto, pude sostener algunas palabras con el responsable de este lugar. Me platicaba como su trabajo era posible gracias a varias personas contratadas y voluntarias, mujeres todas ellas, que asumían el rol de tutoras, prácticamente mamás de algún grupo de niños. Se encargan de lavar su ropa, asear el lugar, cocinar, llevarlos y traerlos de la escuela, supervisar sus tareas, jugar y convivir con ellos, acompañarlos al recibir los alimentos, cuidarlos y ser lo más parecido a una madre. Todo en una ventana de tiempo que va de las 7 de la tarde del domingo a las 8 de la noche del viernes, durmiendo en las instalaciones, es decir, sólo un par de días para estar en su propia casa con su propia familia y amigos. El salario no entusiasmaría a nadie.

Antes de despedirse el hombre me hablo sobre la persona que lo inspiraba y motivaba a seguir en su labor. Era una de las pocas voluntarias del lugar. Una joven de 21 años, aún estudiando, que tenía jornadas de trabajo similares a las responsables de los grupos, salvo en horarios de escuela, y no recibía paga a cambio. Sacrificaba gran parte de su tiempo libre y por ende no era común que asistiera a fiestas, saliera a antros o bares o pasara mucho tiempo con su familia y amigos. Preocupado por esta situación, el hombre se acerco a ella un buen día y le compartió su inquietud, le agradeció su labor pero le aconsejo y le autorizo reducir las horas de trabajo, todo con la finalidad de que, en sus palabras, disfrutara su juventud, disfrutara su edad y la época que estaba viviendo e hiciera cosas que la hicieran feliz y la entusiasmaran. La joven lo vio extrañada y simplemente contestó “¿y tú cómo sabes que dedicar mi vida y mi tiempo a este lugar y a estos niños no es lo que me hace feliz?”.

Esa historia cambió algo en mi, esa historia me reveló que, cuando la convicción es suficientemente fuerte, el servicio no es sacrificio, es gozo y plenitud. Esa historia y esa joven me revelaron que la pasión, la trascendencia, el sentido y la voluntad en verdad existen, y en algunas personas son tan fuertes que te queman por dentro y hacen que salgas disparado allá afuera, a la vida, para vivir, para devorar, para aportar, te es imposible quedarte sentado, estático, te hacen darte cuenta que tu vida tiene un propósito y cualquier lapso de tiempo se hace demasiado largo porque tu vida requiere inmediatez para hacer lo que amas hacer. Hoy quiero cambiar cosas, quiero empezar cosas, estoy haciendo cosas, hoy mi vida no está en stand by, hoy mi vida está aquí y es momento de vivirla, aquí y ahora, sin titubeos, sin miedos, con cerebro, corazón y huevos, porque mañana tal vez yo esté aquí, pero mis sueños no, hoy decido hacer algo útil, hoy decido vivir, algo puede salir de todo esto. En pocas palabras esa jovencita me enseño a preguntarme ¿qué putas estás haciendo de tu vida?. Continuará.

“My dear, find what you love  and let it kill you. Let it drain from you your all. let it cling onto your back and weigh you down into eventual nothingness. let it kill you, and let it devour your remains. for all things will kill you, both slowly and fastly, but it’s much better to be killed by a lover.”

-Charles Bukowski

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