Grosso Modo

Revista Grosso Modo

Aparte de sufrir… — February 1, 2018

Aparte de sufrir…

“Aparte de sufrir, ¿qué más sabes hacer?”

La primera vez que la psicóloga me preguntó esto creo que ni la escuché, estaba demasiado concentrada sufriendo. En la sesión más reciente me lo repitió, orgullosa de mi porque estoy respondiendo a su pregunta de forma exitosa, qué digo, exitosísima. El “éxito”, sin embargo, no es algo que desconozca: la semana pasada saqué del cajón una medalla de plata que acredita que me quemé las pestañas en la universidad, misma que ni siquiera me digné a ir a recoger. Mi mamá tiene pilas y pilas de documentos llenos de dieces redonditos y diplomas y reconocimientos varios, además de un mueblecito tapizado de vidrios cortados en formas geométricas irregulares con mi reluciente nombre grabado de la forma más elegante posible. Todo podría irse ahorita mismo a la basura y yo seguiría siendo la misma persona que soy. Mi “éxito” fue siempre académico. Cuando se me acabó la academia se me acabó el éxito y me topé con que a la vida le vale madres cuántos dieces me sacaba, a la vida no le importa que pueda recitar de memoria las preposiciones, que pueda hacer una ecuación de tercer grado, que me sepa todas las capitales del mundo, que me haya memorizado el DSM o ninguna de las tantas estupideces que alguien te dice que debes hacer para “ser alguien”. Mi camino desde que se me acabó la academia ha sido tortuoso, empedrado, empinado, hostil, confuso. Cinco años han pasado y cinco píldoras son las que hoy tomo diariamente para intentar funcionar como una persona “normal”. Aun así, presento ataques de ansiedad con suficiente frecuencia como para que sean un problema y la ideación suicida persiste en mi cabeza pese a todos mis esfuerzos, y pese a que ya no me siento miserable –al menos no tanto ni la mayor parte del tiempo-. Aparte de sufrir, sé hacer muchas cosas, muchísimas, y las hago todos los días con la esperanza de que se me vuelvan un hábito y me hagan olvidarme de los síntomas. Pero los síntomas no son un mal recuerdo, ni son de gripa. Estoy en un lugar muy raro entre la resignación y el ímpetu por ganarle la batalla al monstruo que me atormenta. Cuando pienso en el futuro casi siempre me pregunto ¿estaré aquí para verlo? Aparte de sufrir, sé pensar, y eso me está matando.

Advertisements
¿Cómo seguimos cuando ya no podemos seguir más? — January 30, 2018

¿Cómo seguimos cuando ya no podemos seguir más?

“Trespass your torments ir you are what you wanna be…”

Manic Street Preachers

¿Como seguimos adelante cuando ya no podemos más? Siempre me ha intrigado la pregunta. I’m a sucker for una buena historia de superación. Qué pasa por la mente del atleta olímpico que vence sus instintos de supervivencia y toda indicación de rendición por parte de su cuerpo, qué pasa por la mente del sobreviviente de atentados terroristas, desastres naturales, zonas de guerra que sobrevive tormentos con una voluntad inquebrantable de vivir, qué pasa por la mente del emprendedor que persigue una visión contra toda situación desfavorable y mentalidad mediocre, qué pasa con el indefenso que persigue la libertad y la dignidad, el migrante que sigue su camino a pesar de todo, aquel que defiende al desprotegido arriesgándose a sí  mismo.

Por más tentados que estemos a creer que se trata de personas extraordinarias, de súper hombres y mujeres (qué lo son en cierto sentido) debemos  aprender a desarrollar estas remarcables características de perseverancia en nosotros mismos y en aquellos que nos rodean si queremos generar una sociedad resiliente. Se dice que cuando enfrentamos la dificultad todos nosotros luchamos tres batallas sin distinción; la primera es una lucha contra nosotros mismos, nuestra mente, nuestras inseguridades y temores, la segunda es contra nuestros rivales, aquellos que compiten contra nosotros para conseguir una menta y la tercera es contra el sistema; las trabas que tendremos que enfrentar y vencer para lograr los obstáculos.

Podremos ganar las dos ultimas no fácilmente pero sí con el debido esfuerzo. Sin embargo; el verdadero reto es la primera batalla, aquella que libramos contra nosotros mismos, contra nuestro conformismo, desconfianza en nuestras capacidades, sentimientos de inferioridad o inmerecimiento. Dicen que El diablo se esconde en los detalles y está esperando cualquier pequeña grieta, cualquier descuido para recordarnos que no somos suficientemente bueno. A menos que nos adelantemos y entendamos que si ganamos esta batalla podremos ganar cualquier guerra. No importa el objetivo si hemos vuelto el mirar hacia nuestro interior un ritual y una rutina diaria sin excepciones. ¿Como ganamos esta batalla? Cuestionándonos cuál es nuestro núcleo de creencias, visualizando al meta, el momento al cual queremos llegar, manteniéndonos presentes en el presente haciendo presencia, encontrando honor y orgullo en lo que hacemos, entrenando hasta que no fallemos un solo tiro y, sobre todo, teniendo en claro la trascendencia y el sentido último de lo que hacemos.

Un verdadero líder, un verdadero guerrero, sabe que su esencia está en crear y creer en algo que resonará en el futuro, en su gente, y no sólo en él o ella. Todos tenemos una voluntad de darle sentido a nuestra existencia y pasando la angustia inicial de descubrir que no tenemos un sentido predefinido podemos encontrar el regocijo de saber o libres de elegir el sentido que deseemos para nuestra existencia. ¿Cuál es nuestro sentido?, ¿qué queremos lograr?, ¿que dirá nuestro obituario? Todo empieza sabiéndonos libres, plenos de sentido, valientes, capaces y listos de ganar la primera batalla del día y de la existencia. Todo empieza queriendo ganarla, como todos esos extraordinarios ordinarios que abren camino día a día.

La Racha Ganadora — December 14, 2017

La Racha Ganadora

¿Han sentido alguna vez, queridos lectores, que todo les sale bien? Que la vida es buena, que el sol brilla, que pueden lograr lo que se propongan. Pero no sólo eso, también que son exitosos, que son inteligentes, que incluso son atractivos.  ¿Lo han sentido? Esa llamarada en el pecho y ese latir de su corazón fuerte y decidido a conquistar hasta las más altas montañas. Yo lo siento. Para mí, es el sentimiento más extraño y desconocido del mundo, y por supuesto, esa vocecilla que se ha callado, pero no se ha muerto está aprovechando la ocasión para susurrar desde mis entrañas que en cualquier momento me voy a dar en la madre, que esto se va a acabar. La muy oportunista me dice que ni me emocione, que pronto todo se va a ir al carajo, que nada más la pruebe, que así se siente: la felicidad. Esa felicidad que nunca podré sentir como mía propia, según ella. Esta última semana he vivido un maratón que ha ido desde el ataque de pánico más fuerte del… bueno, no hay mucho récord que romper, que ha ido desde un ataque de pánico hasta haberle hecho una invitación a una casi completa desconocida para irle a mostrar mi trabajo. Siento que voy en una carrera de velocidad y que se me puede atravesar una piedrita en cualquier momento, una piedrita que me haga tropezar, caer estrepitosamente y seguramente romperme las piernas, y no volver a correr jamás en mi vida, eso me dice la vocecilla. Yo no he respondido nada, estoy demasiado ocupada con mi vida real como para hacer caso de las voces en mi cabeza, pero muy en el fondo tengo miedo, y mucho. A cada paso que doy hago como que tengo todo bajo control con la esperanza de que así sea.

Una luz en la oscuridad, parte 2 — November 30, 2017

Una luz en la oscuridad, parte 2

Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, pero miente. Miente yo creo que a propósito, porque al final ha de negarlo todo. Una vez habiendo hecho el viaje que me llevó al lugar donde creí haber sido feliz, puedo decir sin miedo a equivocarme que al lugar donde has sido feliz deberías siempre volver. Que te dejes la vida en intentarlo, en intentar ser feliz. Me lo digo a mí misma todos los días, si te has de morir muérete tratando de ser feliz. No te des por vencida, no la dejes ganar, la muy hija de puta te quiere ver vencida, derrotada. Ella se alimenta de tus inseguridades y de tus miedos, no la dejes ganar. No voy a venir ahora a hacerme la valiente: hay rounds que he perdido sin siquiera meter las manos, pero hoy le voy ganando la batalla. Me ataca de muchas maneras, la tramposa. Y siempre rompe las reglas, la mañosa. Pero esas luces en el cielo y ese aire gélido me recordaron que estoy viva, y que si pude llegar al polo norte también puedo llegar al fin del mundo, y lo voy a hacer por muchas razones, entre ellas la de demostrarle a esa que me ve despeinada desde el espejo, que aunque a veces no tenga fuerzas ni para levantarse, es capaz de vencerse a ella misma, su más fuerte rival. Me lo digo, se los digo a ustedes, y se lo diría a Sabina si me oyera: vuelve a ese lugar donde fuiste feliz, a ese lugar mental, a ese lugar en tu corazón, en tu estómago, en tus venas, a ese momento donde sentiste latirte el pecho tan fuerte y la sangre correr tan rápido y la respiración acelerarse y todo girar y al mismo tiempo detenerse: vuelve, siempre siempre vuelve porque las luces no son verde neón, ni rojas ni rosas ni moradas, había nubes y treinta y siete grados centígrados bajo cero, tenía los dedos de los pies congelados y cinco capas de ropa, podía sentir mis dientes congelados y mi cuello dolorido por buscar eso en el cielo que tantas noches había soñado, pero las luces no son verde neón, son más bien blancuzcas y encontrarlas es igual de difícil que encontrar una aguja en un pajar, pero las encontré, y esas luces blancuzcas me demostraron que nuestros sueños las más de las veces pueden no ser como los soñamos, pero eso no tiene porqué decepcionarnos. El sueño lo cumplí, las luces las vi, fueron espectaculares y yo fui feliz. Volví al lugar donde alguna vez fui feliz y otra vez fui feliz. Puedo ser feliz.

Una luz en la oscuridad — November 17, 2017

Una luz en la oscuridad

Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, y aun así, aquí me tienen, a escasos días de regresar cuando menos al mismo país donde fui tan feliz, en búsqueda, tal vez, de alguna felicidad diferente o parecida, de una luz que me devuelva las ganas de vivir la vida, de un logro que me quite esta sensación de fracaso, de un frío que me caliente, de alguna soledad que me haga sentir acompañada. Llevo varias noches seguidas soñando con extraños instrumentos musicales, sostenidos por fantasmas viejos pero conocidos, despertando con ese dolorcillo de panza que puede ser tan familiar y tan molesto al mismo tiempo. Otras tantas noches tengo sueños violentos, donde grito, insulto o golpeo casi siempre a la misma persona, cada vez con un poco más de odio, la psicóloga dice que esa persona soy yo. Así somos los psicólogos, sabemos la verdad oculta detrás de las cosas, las verdaderas intenciones, los colores reales de las cosas. Resulta que todo temor es cumplimiento de deseo, que existen la negación y la proyección y que mucho de lo que hacemos está impulsado por un fuerte complejo de Edipo o por la subestimada envidia del pene. Así somos, creemos que sabemos la verdad, y la estudiamos, escudriñamos esa verdad hasta que sale como carne deshebrada en el salpicón, poca y un poco embarrada de todo lo demás. Ya no sé si fui feliz en aquél lugar. Tiendo a pensar que sí, porque si no fui feliz ahí entonces no he sido feliz nunca en ninguna parte, y eso me dejaría en la incapacidad total de ser feliz y por lo tanto en la miseria ¿para qué vivir así? Tuve que haber sido feliz en algún sitio, de algún modo, y tal vez incluso sin darme cuenta.

El nudo gordiano — November 3, 2017

El nudo gordiano

De acuerdo a la leyenda, existía en tiempos remotos un campesino oriundo de Gordión, llamado Gordias, el cual ataba a sus bueyes al yugo con un conjunto de cuerdas que se anudaban entre ellas de modo extraordinariamente complicado, complicado hasta el punto de ser prácticamente imposible desatarlas.  Este hombre sería clave para cumplir una profecía, según la cual, el próximo rey de Frigia vendría por al puerta del este junto a un cuervo que se posaría en su carro. De acuerdo a las tradiciones y predicciones, aquel que lograra desatar el nudo gordiano sería el hombre que conquistaría oriente.

La historia cuenta que, cuando Alejandro Magno se embarco en su cruzada para conquistar el Imperio Persa, cruzó el Helesponto, un estrecho entre Europa y Asia y conquistó primeramente Frigia. Una vez ahí, y conocedor como era de las leyendas y profecías, se enfrentó al reto de desatar el complicado nudo. Gordias le dijo que muchos hombres antes que él habían intentado, en vano, de realizar tal hazaña. Alejandro, tras detenerse a pensar en la mejor forma de completar la tarea, empuñó su espada y de un tajo corto el nudo. Inmediatamente después, una tormenta de rayos cayó sobre Frigia, situación que fue interpretada como la aprobación de Zeus al método de Alejandro, tras lo cual, el guerrero dijo: “tanto monta cortar como desatar”. El resto es historia, como todos sabemos, el gran conquistador logro anexar Asia a su imperio.

En la vida nos hemos de enfrentar, nos guste o no, con una multitud de nudos gordianos, situaciones de extrema complejidad que demandan todos nuestros recursos y parecen ser, a primera vista, problemas irresolubles. Nos tomamos tiempo en examinarlos desde todos los ángulos que podemos encontrar, intentamos una y otra vez desatarlos, regresamos sobre nuestros pasos y seguimos tirando de las cuerdas sin cesar, esperando que en uno de estos intentos el nudo finalmente ceda y consigamos avanzar hacia nuestra próxima conquista, ungidos, como modernos Alejandros.

Sin embargo, el problema radica en que, como dijera Albert Einstein; “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Hemos vivido y crecido en una sociedad, sistema educativo y modelo de pensamiento que aboga por la causalidad, por el pensamiento lineal y en algunas ocasiones, por el proceso sobre el resultado. Durante años nos hemos encargado de reprimir y asfixiar las diversas manifestaciones de pensamiento creativo, lateral, en detrimento de un orden y una modalidad de solución de problemas que comienza a mostrarse como una formula desgastada y no tan efectiva en variedad de situaciones.

La definición de la palabra problema de acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua es; “Planteamiento de una situación cuya respuesta desconocida debe obtenerse a través de métodos científicos”. Esto nos da un indicio sumamente importante y que, al parecer, no está en la mira de muchos de nosotros, no existe problema que no tenga solución, aquel problema que carezca de repuesta no es, por definición, problema, es una ley, un hecho, algo inalterable. Cuando logramos identificar un problema y emprendemos una propuesta de solución que se muestra inefectiva, no quiere decir que el problema es cerrado y no admite remedio, quiere decir que nuestra estrategia no funciona. Es entonces que debemos hacer uso del pensamiento lateral, de la creatividad, de la espontaneidad, olvidar por un momento las reglas y valores preestablecidos y replantearnos los sucesos.

¿Que pasaría si cambiamos la estrategia?, ¿que pasaría si alteraramos el orden que creemos debemos seguir?, ¿que pasaría si cambiamos la óptica y dejamos de concebir el problema como tal?, ¿que pasa si nos atrevemos a redefinir nuestra propia situación vital?. Las matemáticas son simples, si sumamos siempre los mismos números el resultado será igual, si cambiamos las cifras, los signos o el orden, el resultado, invariablemente, será distinto pero no necesariamente incorrecto.

Un último punto importante de considerar es este, la gran mayoría de problemas en la vida no son fórmulas científicas ni álgebra, no requieren una respuesta exacta y unánime entre todos aquellos que se lanzan a tratar de conseguir la solución. La vida en su infinito abanico de colores, inmensa y caprichosa, rica y desbocada como es, posee tantas aristas que sería imposible contarlas, y para fortuna de nosotros, que muchas ocasiones estrechamos nuestro campo visual innecesariamente, eso quiere decir que el número de posible soluciones es exponencialmente mayor a una sola y que en repetidas ocasiones el problema tal vez ni siquiera sea problema. Muchas veces, no hace falta pintar un cuadro nuevo, sólo unos buenos lentes con la graduación correcta.

Me gusta ver la vida de este modo y creo firmemente que en cada uno de nosotros reside un Alejandro Magno esperando a conquista nuestra propia Persia, sea cual sea el significado de esta tierra para nosotros, y si queremos traspasar nuestros tormentos y ser libres es conveniente recordar de vez en cuando que: “tanto monta cortar como desatar”.

SEAN LOS MUERTOS BIENVENIDOS —

SEAN LOS MUERTOS BIENVENIDOS

 

A HONRAR A NUESTROS MUERTOS

NOS ENSEÑARON LOS VIEJOS

CON SUS CUENTOS Y CONSEJOS

PA´ QUITARNOS LO PENDEJOS

 

CUANDO ALGUIEN SE MUERE, LLORAMOS

GEMIMOS, GRITAMOS, REZAMOS

LA PENA ES MUY GRANDE Y EL DUELO

NO ACABA NI PRONTO NI LUEGO…

 

PERO CON VELAS Y PAPELES DE COLORES

CON FLORES, CON COMIDAS Y CANCIONES

ARMAMOS ALTARES Y DECORAMOS PANTEONES

PARA QUE VENGAN LOS MUERTITOS

A ORGANIZAR PACHANGONES…

 

SI SE ACERCA LA CALACA

LA EVITAMOS COMO LEPRA

PERO AUNQUE ESCAPEMOS DEL RAYO

DE LA RAYA NADIE ESCAPA.

 

QUE NO FALTE EL PAN, LOS CIGARROS

EL TEQUILA, EL DOMINÓ

EL AGUA, LA SAL Y EL ROSARIO

LA VIRGENCITA QUE LOS CUIDA

Y EL CAMINO PA´ GUIARLOS.

 

LA MONEDA PA´PAGARLE

AL BARQUERO QUE LOS CRUZA

DEL OTRO LADO DEL RÍO

DONDE ESPERAN LOS CANINOS

QUE QUISIMOS CUANDO VIVOS

 

SEAN LOS MUERTOS BIENVENIDOS

VENGAN A VISITARNOS

LOS QUE TODAVÍA ESTAMOS VIVOS

LOS QUEREMOS Y EXTRAÑAMOS

FELIZ CUMPLEAÑOS — September 14, 2017

FELIZ CUMPLEAÑOS

No recuerdo, en veintisiete años, un solo cinco de septiembre que no haya estado nublado, literal y figurativamente. Siempre me ha sorprendido la gente que hace cuentas regresivas para celebrar su onomástico, que se organiza fiestas millonarias, que se da regalos ostentosos. ¿Y luego qué? No encuentro ningún mérito en mantenerse vivo, además del de no suicidarse, que en mi caso sí debería contar, y ahora, mientras lo escribo, me doy cuenta de que este año sí merezco felicitaciones por ese simple y llano motivo. Pero bueno, volveré al punto original, según el cual, para el grueso de la población, sobrevivir no constituye ningún mérito y por lo tanto llegar a otro día que, según el calendario gregoriano, representa el día en que, por algún capricho del destino, un determinado individuo nació, me parece no sólo tonto sino superficial. Hace casi diez años me enteré, por error, que fui concebida, coincidentemente, por error. Siendo la segunda de una familia de tres, durante casi dieciocho años creí que mis padres habían planeado y programado mi existencia, que habían recibido la noticia con felicidad, pero sin asombro, que habían pensado en mí como el resultado de un esfuerzo, no de un accidente. Resulta que en tiempos de crisis económica y por lo tanto matrimonial, mi mamá tuvo a bien embarazarse “accidentalmente” producto de la imposibilidad de tomar anticonceptivos a consecuencia de una operación de la vesícula. Bullshit. Los bebés pueden cumplir diversas funciones dentro de una familia, una popular es la de mantenerla unida. Supongo que debería sentirme honrada al pensar que yo cumplí ese propósito siendo apenas un ser de un par de kilos y unos cuantos decímetros de estatura, sin la menor capacidad de sobrevivir sola y sin asomos de llegar a hacerlo en mucho tiempo. Pocas personas me felicitaron este año, sólo la familia y los amigos más cercanos, y alguno que otro despistado que no se ha dado cuenta de que yo no lo felicité en Facebook. Supongo que está bien, coseché lo que he sembrado. Ya no quiero hipocresías en mi vida, ya no necesito personas-paja que llenen mi existencia. Si mi existencia está condenada a ser solitaria, que así sea. Si nací y crecí siendo poco gregaria, por qué habría de cambiar ahora, un poquito más allá del cuarto de siglo, cuando me interesan menos que nunca las opiniones ajenas y no me importa ni siquiera estar sola. Cuando defiendo el silencio y me empeño en encontrar un motivo feliz en cada día, cuando como avena, y yogur, y cereal y fruta y aun así no bajo de peso, porque tomo tantas drogas que ya no sé si me hacen efecto o se contrarrestan unas con otras. Por qué habría de cambiar ahora que me corté el cabello como cadete para negociar con la vida que el cáncer no se lleve a mi tía, que estoy en medio de un duelo y sigo cayendo por la espiral interminable de la enfermedad mental. Cuando gasto en doctores y medicinas lo mismo que en todo lo demás. Por qué habría de cambiar ahora, que tengo la edad perfecta para morir joven y trágicamente, dejando detrás de mí una estela de desazón y desasosiego. Por qué habría de cambiar ahora, si no puedo.

Resultado de imagen para sombrerero loco no cumpleaños

El Pensador — September 7, 2017

El Pensador

Puedo afirmar, sin lugar a dudas, que El Pensador, escultura de la autoría de Auguste Rodin, es mi obra favorita dentro de este género. Es, para mí, una obra de arte completa, una obra de arte verdadera, con todo lo que ello implica. Trasciende las fronteras del bronce que le da forma, transmite pasión y vida a través de sus contornos, sintetiza la vida de su creador, proyecta todos los sentimientos e ideas que pudieron pasar por la mente del francés cuando se encontraba absorto en su realización, es el pináculo de una vida de genialidad, pero más importante todavía, es capaz de despertar ideas, sensaciones, sentimientos, pasiones y declaraciones en quienes tienen la oportunidad de admirarla, abandona lo estático de su condición y empuja a una revolución en la mente del espectador.

Ahí está, un hombre a las puertas del infierno de Dante, sentado en una roca, desnudo, dejando ver el estadio más cercano a la perfección que el cuerpo puede alcanzar al retar sus propios límites. Se lleva la mano derecha a la barbilla, con el puño cerrado, apoyándose sobre su rodilla, inclinando su cuerpo al frente, con la vista en el horizonte, abstraído en el cosmos que debe ser su cabeza, su mente, sus ideas, su humanidad.

Siempre que le miro me reencuentro con aquello que nos convierte en humanos, con aquello que no compartimos con ningún otro ser viviente en este mundo, con la misma esencia de la vida de los hombres, con el pensamiento y la razón. Su figura me recuerda la que, a mi parecer es la pregunta más importante de todas las que podríamos formularnos; ¿por qué?.

En contraposición a la sencillez de su composición, formular el cuestionamiento ¿por qué?, conforma para mí, no solo parte de la lingüística que da línea a nuestro pensamiento, sino la base de la abstracción que da luz a todo conocimiento, que da forma al hombre mismo. El animal humano se vuelve ser humano gracias a la palabra, y la palabra deja de describir y pasa a crear cuando la mente concibe la pregunta prohibida para muchos, la pregunta que permite imaginar, evolucionar, entender, descubrir, impulsar nuevas eras, vernos a nosotros mismos y a los demás, pareciera que podemos acercarnos a los titanes cuando nos cuestionamos esa complejidad, cuando preguntamos ¿por qué?.

Las características definitorias del ser humano son la capacidad para amar y la razón, la capacidad para cuestionar, cuestionarse a sí mismo, cuestionar a los demás y cuestionar al medio. En cuanto a la última, hemos sido testigos del paulatino deterioro que ha tenido en nuestras sociedades y sistemas educativos actuales la habilidad para el pensamiento crítico, se ha encasillado a aquel que osa preguntar en el papel de un agitador, de un rebelde, de alguien que incita disturbio y desequilibrio, que amenaza el status quo, la moral y buenas costumbres, y quizás tengan razón, pero la genialidad de las mentes más brillantes y el legado que han dejado en este mundo nos enseña que el progreso, la evolución, el cambio, la revolución y, en general, la culminación de la maravilla que es la vida humana, tiende a ir de la mano de la inconformidad.

La cultura, la ciencia, la tecnología, la verdad, si es que es accesible a la conciencia humana, empiezan cuando el niño pequeño pregunta a su madre, a su padre a su hermano o hermana, a su abuelo, a su maestro, a su amigo, a la naturaleza, a Dios el ¿por qué? de las cosas que le rodean y que sus sentidos le capacitan para apreciar. Indaga en el origen de su vida misma y como ésta fue posible, indaga en el sol, la luna, las estrellas, la lluvia, los animales y plantas, el amor, el odio, la tristeza, la amistad, las leyes que rigen este juego llamado planeta tierra, las leyes físicas, las leyes de la existencia, las leyes de su cultura y nación, de su mundo y finalmente culmina en un sentido que justifique la vertiente de esa vida cuyo inicio algún día le intrigo. Así como nuestro hogar tiene puertas y ventanas, nuestra mente puede ser abierta de par en par hilando preguntas sin parar, parecidas al viento que vence la cerradura y el pestillo. Una vez que somos familiares con la sensación que implica el conocimiento, con el poder del saber, ya no hay vuelta atrás, se inicia el viaje y el refinamiento de este prodigio tan abstracto que es la mente, que no puede funcionar sin un laberinto de células y estructuras cerebrales, cada vez menos misteriosas a los ojos humanos y que sin embargo no pueden explicar por si mismas el fenómeno de la conciencia. El todo es más que la suma de las partes, pugnan algunas escuelas psicológicas, y en este caso es lo más cercanos que estamos de definir lo inaudito del pensamiento humano expresado a través de la palabra, de la pregunta, de la idea.

Es para mí síntoma de una sociedad disfuncional la censura del individuo, sea cual sea su edad y condición vital en toda gama de aspectos, y una muestra de sanidad y humanidad todo aquel que, sin importar el tramo de su vida en que se encuentre, pregunta ¿por qué? y despierta a la capacidad de convertir en posible lo imaginable. Es responsabilidad de nuestra sociedad, de nuestra familia, de nuestra escuelas, de nuestros gobernantes, pero sobre todo, de nosotros mismos, hacer espacio a la crítica y a la duda, al saber, a la aceptación y el ejercicio de nuestra condición de seres pensantes, a nuestra condición humana, que finita como es, puede perdurar como el bronce de ese Pensador.

P2q_900

El amor no nos salva de la muerte — September 1, 2017

El amor no nos salva de la muerte

La entrada anterior divagué un poco sobre despedir a las vidas pasadas, sobre convertirnos en alguien más, sobre la metamorfosis. Esta entrada, mucho me temo, lectores, tengo que hablar de la muerte. De despedir a la vida para siempre, total y absolutamente. De ese dolor excruciante que se esconde tras un “no soportó la operación”. Como Dios es un cabrón, les dio a los perros una esperanza de vida mucho menor que la de los humanos. Como quiere que las personas buenas sepamos que de nada nos sirve ser así, nos regala periodos de felicidad seguidos de momentos de miseria total. Se le ocurrió la manera más cruel de hacernos entender que el amor no nos salva de la muerte. Es un cabrón, y para demostrarlo nos hace sentir este dolor a quienes creemos que los perros tienen alma, y que en sus ojos se reflejan los más puros y hermosos sentimientos que los humanos sólo podemos fantasear con conocer.  La vida y la muerte, dos amantes traicioneras. La una, llegando sin pedir permiso, la otra, que se va sin otorgar prórroga alguna y se lleva consigo lo hermoso y lo divino. Irremediable. No hay nada que yo pueda hacer que me vaya a devolver a mi diablillo pelirrojo. Por mucho que llore, grite o patalee, por mucho que intente negociar con la huesuda, ofreciéndole a cambio mi vanidad, mis obsesiones, mi avaricia, mi paciencia, lo que sea. Ella no cede. Llevo una semana dándole vueltas a la tristeza en los ojos de mi papá cuando tuvo que decírmelo, intentando contener el llanto pero con la voz quebrada. Vuelvo a recordar ese momento y vuelvo a sentir cómo algo dentro de mí se rompió y un poco de mi vida se murió con ella. Pasé por las primeras etapas del duelo en breves minutos, la negación, la ira y la negociación se sucedieron antes de la medianoche. Yo no diría que una termina para que comience la otra, diría que van apareciendo y se mezclan para formar un monstruo que te carcome desde dentro y que le abre la puerta a la depresión: hija de puta. Como si no tuviera ya que vivir contigo ahora resulta que tengo que lidiar con un duelo inesperado e increíble. Ningún perro se muere en esa operación, ni a consecuencia de ella. Pero mi Pasita sí. Lo que alcanzó a balbucear la veterinaria fue que probablemente estaba enferma de los riñones, y no pudo procesar la anestesia, que no fue una sobredosis, porque hubiera muerto durante la operación, que no había signos de hemorragia, pero que si queríamos podía hacer una necropsia. ¿Y qué, mancillar el cuerpo de Pasita sólo para descubrir si la culpa fue de alguien? ¿Eso nos la traería de vuelta? No, nada nos la traerá de vuelta. Se fueron para siempre sus ojitos negros preciosos y brillantes, su carácter implacable, sus travesuras cotidianas. Destruyó todo lo que pudo: cuatro pares de audífonos, un cable de conexión, la tapa de una USB, masticó mis lentes, dejó inservibles mis protectores bucales. Dos camas, el zoclo de la duela, la puerta, el auto, su collar y su correa. Secuestradora asidua de los calcetines negros de mi marido y cómplice sin límites de Luma. Lumita, su hermana mayor, también la extraña. Esta última semana no ha habido nadie que se le acurruque entre las piernas, que le muerda las orejas o las rodillas, que le pase por encima mientras duerme. Pasita. Pasiflorina, en realidad. Pasa María, cuando me hacías enojar. Busco en algún sitio consuelo o resignación, y no los encuentro.

Ayer leí de

Slide1algún poeta que cada perro que se muere se lleva una parte de nuestro corazón con él, pero que cada perro que llega nos regala una parte del suyo, así que si somos lo suficientemente afortunados, podremos vivir tanto y tener tantos perros como para que nuestro corazó

 

n se complete de partes de corazones de perro y podamos ser tan buenos como son ellos. A eso aspiro. A desarrollar la bondad y la pureza de estos animalitos peludos que me miran a través de unos ojos sinceros y que me han sanado el alma de una manera en la que ningún otro ser, cosa o ente había podido. Perdón, Pasita, por todas las veces que perdí la paciencia contigo. Necesito pensar que mi diablillo pelirrojo se ha convertido en un angelito pelirrojo que nos cuida desde el cielo de los perros y corre por verdes praderas y duerme en una cama hecha de calcetines negros. Que come

sobre cuando le place y que tiene juguetes de a montón. Necesito pensar que las cenizas que atesoramos en una urna rodeada de flores en la entrada de la casa no son sólo cenizas, sino un símbolo de que Pasita sigue estando en nuestra manada. Necesito pensar que no fue culpa de nadie, porque no puedo soportar lo opuesto. Necesito fuerza, y no encuentro de donde sacarla. Mi cuerpo ya no puede más, mi mente no soporta la presión, mi psique no tolera otra mala noticia, mi corazón está roto.